Alimentar una Raspberry Pi inyectando 5 V directamente en los pines GPIO es una práctica habitual en proyectos de aficionados, pero técnicamente es desaconsejable porque deja fuera de juego toda la etapa de protección de la placa. El artículo analiza, paso a paso y a partir del esquemático de la Raspberry Pi 1, los cuatro componentes que el cable de alimentación recorre antes de llegar al rail de 5 V del circuito: el conector Micro USB (que aporta VIN), un fusible que se abre si la corriente de entrada es excesiva, un supresor de transitorios formado por dos diodos en antiparalelo que derivan picos de tensión casi instantáneos —por ejemplo, los provocados por un rayo o una fuente defectuosa— y un banco de condensadores electrolíticos y cerámicos que filtra el rizado de la fuente y actúa como buffer ante picos bruscos de consumo. Solo después de esta etapa el voltaje يصلa a los chips, a los puertos USB, a los propios pines GPIO y a los reguladores que lo reducen a tensiones menores. Saltarse esa circuitería es lo que ocurre cuando se alimenta el pin de 5 V del header GPIO: si la fuente es ruidosa, inestable o tiene un pico, no habrá ni fusible ni diodos que lo absorban, y el resultado puede ser la destrucción de componentes en lugar del simple reemplazo del fusible. La excepción, señala el texto, es que el circuito externo que entregue la corriente al GPIO disponga por sí mismo de esa misma protección; en ese caso, alimentar la placa por los pines es perfectamente válido.
