Por qué los lenguajes de programación sobreviven o mueren: lo que manda es la diversión

Fuentes: Because It's Not Fun Enough

Andrew Oram, editor de larga trayectoria en libros de tecnología, publicó en el Linux Professional Institute una serie de dos artículos titulada "Why Do Programming Languages Rise and Fall" que clasifica los lenguajes en inmortales (C, C++, JavaScript), respetables retirados (COBOL, FORTRAN, BASIC, Perl) y promesas fallidas (Pascal, Objective-C, PL/I, Ada, Tcl). Hacia el final, Oram cita a Simon Peyton Jones, quien afirma que la adopción de un lenguaje está "débilmente conectada con sus méritos técnicos": los factores sociales y económicos son los que verdaderamente deciden.

Este ensayo toma esa cita como tesis y la desarrolla: la programación es, a la vez, una vocación, un arte y un trabajo. Un lenguaje que complique innecesariamente cualquiera de esas tres dimensiones desaparece en cuanto surge una alternativa más llevadera. Ada y PL/I fracasaron como arte porque fueron impuestos por organismos oficiales. Pascal estándar y Tcl fallaron como trabajo por sus limitaciones técnicas. Perl perdió su mercado laboral ante Python y Haskell se propuso deliberadamente "evitar el éxito a toda costa", meta que alcanzó.

El texto distingue dos tipos de dificultad: la elegida, como la del violín o C++, que aporta una recompensa a cambio del esfuerzo, y la fricción estéril, como la de Ada, que no devuelve nada a quien la sufre. La comparación con la música lleva a la conclusión: los lenguajes no pierden batallas técnicas, pierden a las personas. Sobreviven mientras hacen la vocación, el arte y el trabajo más llevaderos, y caen el día que algo más divertido puede sustituirlos.