Artículo de opinión en el que Matthew Thomas sostiene que la mayoría de proyectos de software libre, al depender de trabajo voluntario, tienden a producir interfaces de usuario mediocres. El autor enumera varias causas estructurales: la escasez de diseñadores de interfaz dedicados y con experiencia; la tendencia de cualquier colaborador a opinar sobre diseño, lo que genera inconsistencia; el escaso peso de los diseñadores frente a los programadores que aportan parches; y la imitación acrítica de los diseños de Microsoft y Apple, que perpetúa sus errores. Añade que los desarrolladores voluntarios suelen ser usuarios avanzados, por lo que las interfaces resultan demasiado complejas para el público general, y que los detalles de pulido —enfoque automático de controles, mensajes de error claros— se descuidan por falta de atractivo para los hackers. También critica la proliferación de preferencias de usuario para resolver desacuerdos entre colaboradores, el ansia de reconocimiento que añade opciones superfluas, y la práctica de publicar pronto y a menudo, que acostumbra a los usuarios a características incompletas o ineficientes. El texto concluye que incluso proyectos respaldados por empresas con presión comercial por lanzar productos usables, como Netscape, Eazel o Ximian, no han logrado revertir esa tendencia, en parte por el tamaño insuficiente de esas firmas y porque su modelo de negocio prioriza ingresos frente a satisfacción del usuario.
