El debate estadounidense sobre vivienda ha identificado con precisión un problema que Europa sufre con mayor intensidad pero apenas reconoce: la escasez de oferta derivada de la zonificación suburbana y el rechazo vecinal (NIMBYismo). En Estados Unidos existe un amplio consenso en que las restricciones al uso del suelo, especialmente la zonificación que impide construir más viviendas en los suburbios, constituyen la causa principal de la crisis, y en torno a esta idea se ha articulado el movimiento YIMBY (Yes In My Back Yard), respaldado por académicos como Ed Glaeser y Chris Elmendorf, divulgadores como Matthew Yglesias y organizaciones como California YIMBY o Open New York.
En Europa continental, en cambio, el debate público se centra casi exclusivamente en controles de alquiler, expropiaciones, vivienda pública y normativa ambiental, mientras que la zonificación apenas aparece en la discusión. YIMBYismo es prácticamente inexistente fuera del ámbito anglosajón. Y, sin embargo, los datos recopilados por Katharina Knoll y sus colaboradores muestran que los precios de la vivienda europeos son hoy más altos que los estadounidenses y que alrededor del 80% de su aumento desde la Segunda Guerra Mundial se atribuye a restricciones regulatorias a la construcción.
El texto señala que la zonificación nació en Europa, en la Alemania y el Austria-Hungría de finales del siglo XIX, con el propósito original de proteger a los residentes acomodados de ciertas colonias de villas suburbanas. Aunque muchas ciudades europeas continentales han crecido físicamente desde 1945 y disponen de suburbios de baja densidad comparables a los estadounidenses, sus ordenanzas siguen restringiendo la densificación. El autor concluye que, incluso allí donde existen cinturones verdes o límites de altura, la liberación de la zonificación sería determinante para aliviar la escasez, pues la construcción en altura ya era mayoritaria en las ciudades continentales antes de 1914.
