La conversación en redes sobre el adelgazamiento de mujeres famosas ha alcanzado un punto álgido tras la publicación del vídeo musical de Ariana Grande para su single "Petal", en el que una mesa de ejecutivos machistas la insta a perder peso. La mayoría de los comentarios en el vídeo expresan preocupación por la delgadez de la cantante, y su equipo anunció que cancelará una temporada teatral en el West End de Londres para tomarse un descanso de la exposición pública. El anuncio reavivó el debate: parte de los usuarios se sintieron criminalizados por preocuparse por la salud y la influencia de la artista.
Expertos consultados por WIRED advierten de que las publicaciones virales —incluidas las que dicen perseguir la preocupación— desinforman sobre los trastornos alimentarios y pueden actuar como detonante o inspiración poco saludable para quienes están en recuperación. Allison Logue, terapeuta familiar con una década de experiencia en el tratamiento de estos trastornos, señala que las comparativas tipo "antes y después" son habituales entre personas con anorexia y proceden a menudo de espacios "pro-ana", donde se usan como meta y competencia.
La terapeuta subraya que, sin acceso a la vida privada de una celebridad, es imposible diagnosticar y que el foco obsesivo en los cuerpos oculta que los trastornos alimentarios afectan a personas de cualquier talla. Logue afirma que nunca ha tratado a una paciente cuyo trastorno derivara de que un famoso lo padeciera. El artículo recoge además el testimonio de la actriz eslovaca Natália Franz, en recuperación, que reclama más recursos y de menos crítica superficial. Keesha Amezcua, directora clínica de Alsana, coincide en que el tono alarmista y morboso no facilita la búsqueda de ayuda profesional.
