En su último artículo, John Gruber acuña el término 'dickover' para describir los modales omnipresentes e irritantes que asolan la web moderna. Estos paneles intrusivos, que exigen acciones como aceptar cookies, suscribirse a boletines o instalar aplicaciones, deliberadamente ocultan el contenido que los usuarios vinieron a ver. Gruber argumenta que los dickovers son un patrón de diseño malicioso, mucho peor que las menos problemáticas 'dickbars' que solo bloquean parcialmente el contenido. Proporciona numerosas capturas de pantalla de sitios web como Euronews, Gallup, blogs de Substack (por ejemplo, Paul Krugman, Matt Yglesias) e incluso The Philadelphia Inquirer, al que paga pero que aún así le somete a un dickover para registrarse para SMS. El término es una crítica juguetona pero contundente de una práctica que trata la atención del usuario con desprecio. Gruber distingue los dickovers de los paywalls necesarios, enfatizando que el consentimiento de las cookies y las suscripciones a boletines son obstáculos innecesarios. Traza el concepto hasta su término anterior 'dickpanel' y señala que el neologismo 'dickover' surgió mientras escribía sobre una utilidad de Mac llamada Dropover. El artículo es un llamado a la acción para un mejor diseño web que respete el tiempo y las intenciones de los usuarios.
Por qué 'Dickover' es el Nombre Perfecto para el Obstáculo Más Molesto de la Web
