Tras el lanzamiento de modelos abiertos como Kimi K3, se ha reactivado el debate sobre los riesgos del software de codigo abierto aplicado a la inteligencia artificial. Periodistas, responsables politicos y ejecutivos de grandes laboratorios sostienen que liberar los pesos de los modelos equivale a abrir una caja de Pandora y proponen restringir su acceso a usuarios de confianza, en la practica a sus propios clientes mas rentables. El articulo rebate estas tesis.
En primer lugar, recuerda que el software de codigo abierto es la base sobre la que se construye todo el software propietario, incluidos los modelos frontera. Los laboratorios compiten en las capas superiores del stack y cooperan en las inferiores porque carece de sentido diferenciarse en componentes commoditizados.
En segundo lugar, la historia demuestra que es casi imposible reprimir el software abierto. El caso del cifrado es ilustrativo: PGP, creado por Phil Zimmermann en 1991, fue investigado por el gobierno estadounidense, y Netscape solo pudo distribuir una version debilitada de SSL fuera de Estados Unidos. Las restricciones no evitaron la difusion global de estas herramientas y perjudican a las empresas nacionales.
En tercer lugar, el autor desmonta el supuesto de que la IA abierta es un fenomeno exclusivamente chino. Identifica incentivos comerciales claros: fabricantes de chips como Nvidia, que han publicado su propia suite abierta Nemotron; startups como Thinking Machines Lab, que apuestan por servicios auxiliares sobre modelos commoditizados; grandes empresas clientes, que buscan modelos de bajo coste; y gigantes como Google o Meta, interesadas en socavar la publicidad de los modelos frontera con alternativas libres.
Finalmente, cuestiona la idea misma de carrera IA entre naciones, que compara con una inexistente carrera por Internet, y rebate los argumentos de dumping chino, propaganda y puertas traseras, recordando que cualquier sesgo puede corregirse en versiones derivadas.
