La frase «solo conéctalo a nuestro ERP» aparece de forma casi inevitable en los proyectos de comercio electrónico, pero encierra un error de planteamiento que la convierte en la responsable de buena parte de los fracasos. Quien la pronuncia equipara la construcción de un proyecto nuevo con la conexión a sistemas heredados, cuando en realidad son dos deportes muy distintos.
Un nuevo escaparate digital es un terreno greenfield: se planifica el modelo de datos y se ejecuta conforme al plan. Una integración con un ERP o CRM existente es, por definición, brownfield: una excavación arqueológica sobre un software antiguo, mal documentado y lleno de comportamientos raros que solo conocen quienes lo operan.
El problema principal es la capa de integración, que carece de un dueño claro. Cada sistema tiene responsable, pero las costuras entre ellos no. Ahí se rompe todo, sobre todo por la mezcla de procesos síncronos y asíncronos: el pago debe confirmarse al instante para no perder la venta, mientras que el resto de pasos en el ERP van por colas que pueden fallar en silencio y dejar el dinero cobrado sin pedido asociado.
La solución que propone Neuralab es secuencial: primero construir el nuevo sistema, después enviar a un analista a auditar el ERP para descubrir sus peculiaridades reales y, finalmente, abordar la integración cuando ambos extremos son conocidos. Además, recomienda cuestionar los flujos heredados antes de automatizarlos para no replicar procesos que la propia empresa querría revisar. El autor admite que la agencia aprendió esta lección tras años de agrupar ambos trabajos en un único alcance, con el sobrecoste final que eso implicaba.
