Este artículo describe un proyecto innovador donde el autor enseñó a su perro, Momo, a 'codificar' juegos utilizando inteligencia artificial. La idea surgió de un incidente divertido donde Momo accidentalmente generó código en el teclado del autor, lo que lo llevó a experimentar con la posibilidad de usar la entrada aleatoria del perro para crear juegos.
El sistema funciona de la siguiente manera: Momo golpea un teclado Bluetooth conectado a una Raspberry Pi 5. Las pulsaciones de teclas se transmiten a una aplicación Rust llamada 'DogKeyboard', que filtra teclas especiales (como Esc o Tab) y envía el resto a Claude Code, un modelo de lenguaje de OpenAI. Para que Claude Code interprete la entrada aleatoria como instrucciones de juego significativas, el autor utiliza un prompt cuidadosamente diseñado que le indica a Claude que es un diseñador de juegos excéntrico que se comunica a través de comandos crípticos. El prompt instruye a Claude a interpretar cualquier entrada, incluso la aparentemente aleatoria, como una idea o instrucción válida para el juego. Cuando Momo ha ingresado suficientes caracteres, 'DogKeyboard' activa un comedero automático para mascotas como recompensa y un sonido para indicar que Claude está listo para recibir más entrada.
El proceso completo, desde las primeras pulsaciones de teclas hasta un juego jugable, suele tardar entre una y dos horas, y todos los juegos se crean en Godot 4.6 utilizando C#. El autor experimentó con diferentes entornos de desarrollo (Bevy y Unity) antes de decidirse por Godot debido a su formato de escena basado en texto, que permite a Claude leer y editar los archivos de escena directamente. Se enfrentó a desafíos para asegurar un teclado duradero para Momo y para controlar el comedero automático, pero finalmente encontró soluciones funcionales. El éxito del proyecto radica en la combinación de un prompt ingenioso, herramientas de retroalimentación automatizadas y una cuidadosa selección de tecnología para facilitar la interacción entre el perro y la IA.
Este proyecto demuestra el potencial de la IA para transformar la creatividad y la colaboración, incluso con compañeros inesperados. Aunque los resultados no son perfectos, el sistema es prometedor y abre nuevas posibilidades para la creación de juegos y la interacción humano-máquina.
