Ante las olas de calor cada vez más frecuentes, las ciudades españolas exploran alternativas al asfalto convencional para reducir la temperatura de calles y edificios. Existen dos familias principales de pavimentos fríos: los permeables o porosos, que dejan pasar el agua de lluvia al terreno y la evaporan lentamente enfriando el ambiente, y los reflectantes o de alta reflectancia solar, que devuelven a la atmósfera una parte mayor de la radiación en lugar de absorberla como el asfalto negro. El asfalto y el hormigón oscuros almacenan calor durante el día y lo liberan de noche, alimentando el fenómeno de isla de calor urbana.
Barcelona ha probado un aglomerado reflectante en un tramo de la calle Martí i Franquès, dentro de su Plan Clima, comparándolo con asfalto convencional para medir diferencias de temperatura. Antes ya había pilotado cubiertas blancas y pigmentos reflectantes en azoteas del distrito de Les Corts. Sevilla, una de las ciudades más castigadas por el calor, ha incorporado a su planificación árboles de sombra, sustitución de pavimentos oscuros por materiales claros, toldos, drenajes sostenibles y una red de refugios climáticos.
Un estudio de la Universidad de Granada sobre las ocho capitales andaluzas concluye que no existe una solución única: en Sevilla y Málaga pesa el albedo de los materiales, en Córdoba la densidad edificatoria y la impermeabilización, y en Granada la geometría urbana. Los investigadores recuerdan que el arbolado de copa densa puede rebajar entre 3 y 5 grados la temperatura en parques bien diseñados, de modo que los pavimentos fríos funcionan sobre todo como complemento de otras medidas urbanísticas.
