Paul Bakker, experto en ingeniería de software, argumenta que las herramientas de inteligencia artificial como Claude, ChatGPT y Gemini son excelentes para tareas técnicas y de investigación, pero inadecuadas para la generación de textos creativos o estratégicos. Su tesis central es que la escritura obliga al autor a pensar profundamente sobre el problema a resolver y la comunicación con el lector, un proceso cognitivo que la IA no puede replicar de forma autónoma. Según Bakker, si un usuario genera un documento basándose únicamente en puntos clave proporcionados por la IA, está saltándose la etapa de pensamiento crítico, lo que resulta en un texto superficial que probablemente no refleje las ideas más importantes del autor.
El autor no aboga por el uso total prohibido de la IA, sino por un enfoque estratégico. Bakker sugiere que la productividad en la escritura no se mide por la velocidad de producción, sino por el valor de las ideas aportadas y su impacto en el equipo o empresa. Un documento de 60 páginas lleno de contenido vacío es menos valioso que uno de 3 páginas bien estructurado y reflexivo. No obstante, la IA sí tiene un papel útil en la fase posterior de revisión. Bakker recomienda usar la IA para obtener feedback crítico sobre documentos ya escritos, por ejemplo, preguntando a la IA qué preguntas haría o qué es la conclusión más importante, en lugar de pedirle que redacte el texto desde cero. Esta distinción permite mantener el control cognitivo del autor mientras se aprovecha la eficiencia de la IA para la edición y la estructuración de datos.
