La Guardia Civil enfrenta una crisis operativa en las costas de Murcia y Baleares debido a la aparición de lanchas de última generación que superan en velocidad a sus interceptadoras. El 2 de septiembre, una patera de 28 personas embistió a una patrullera en Cabo Cope, dejando heridas a tres agentes, lo que ilustra la incapacidad actual de las fuerzas de seguridad para detener estos vehículos. Según la AUGC, estas lanchas, equipadas con motores de 350 CV y un par de 400 Nm, cruzan de Argelia a Murcia en 3 o 4 horas, frente a las 8 a 48 horas de las pateras clásicas. La Guardia Civil, con tres interceptadoras Aister que suman 700 CV, no puede igualar la potencia de las lanchas, que pueden alcanzar los 1.400 CV. Este desequilibrio técnico impide el abordaje y la detención, obligando a los agentes a buscar atajos como la reutilización de motores de narcolanchas. La situación ha generado críticas por la falta de interceptadoras de 55 a 60 nudos y ha llevado a la Fiscalía a estudiar la piratería como delito adicional a la agresión, tras los recientes incidentes de violencia y huida de patrones.
