José y Sandra, una pareja de Girona, han abandonado su vida urbana para establecerse en el campo, donde educan a sus cuatro hijos de forma doméstica. Tras años de insatisfacción y conflictos familiares en la ciudad, la pareja decidió mudarse a una finca familiar en Jaén, ubicada en una zona rural sin servicios básicos como electricidad o internet. Su objetivo no era la autosuficiencia total, sino experimentar un estilo de vida diferente que les aportaba una sensación de propósito vital. Durante los primeros meses, resolvieron los problemas básicos de forma improvisada, pero con el tiempo decidieron buscar una nueva residencia con condiciones similares, donde ya han instalado placas solares y sistemas de almacenamiento de agua. Actualmente, están en proceso de autoabastecimiento, criando conejos, gallinas, cabras y patos, aunque el huerto sigue en construcción. José continúa trabajando como programador a distancia, utilizando herramientas de inteligencia artificial para gestionar sus proyectos y financiar la familia. Esta estrategia les permite compaginar el trabajo remoto con la crianza en casa, demostrando que la tecnología puede ser la base económica que sostiene la vida rural moderna.
