El uso del paraguas como sombrilla portátil se ha popularizado en las ciudades españolas ante la sucesión de olas de calor, un gesto que durante años se asociaba a turistas asiáticos y que ahora adoptan miles de personas para esquivar la radiación ultravioleta en sus desplazamientos cotidianos.
¿Pero hasta qué punto protege realmente? Un estudio publicado en 2013 en JAMA Dermatology demostró que los paraguas manuales estándar bloquean entre el 77% y el 99% de los rayos UV, con los modelos de color negro como los más eficaces, al superar de forma consistente el 90% de bloqueo. Esta capacidad ha llevado a algunos expertos a proponer un factor de protección numérico para paraguas, similar al de las cremas solares.
La clave, sin embargo, es que la sombra del paraguas es una medida de protección parcial. La radiación ultravioleta no solo llega directamente desde arriba, sino que también rebota en el asfalto, las aceras, el agua, la arena y los cristales, e incide en la piel por los laterales y por debajo del paraguas. El mismo fenómeno explica por qué personas que pasan horas bajo una sombrilla de playa acaban con quemaduras. Un ensayo de 2017 comparó la sombrilla con un protector solar de SPF alto y concluyó que quienes confiaron solo en la sombra sufrieron quemaduras. Por ello, los dermatólogos recuerdan que el paraguas nunca sustituye al fotoprotector y recomiendan aplicar crema solar antes de cualquier exposición.
