La paradoja de Fermi señala una contradicción aparente: aunque la Vía Láctea contiene miles de millones de estrellas similares al Sol y, con alta probabilidad, muchos planetas en zonas habitables, no existe evidencia concluyente de civilizaciones extraterrestres. Si esas civilizaciones existieran, incluso viajando a velocidades interestelares modestas, podrían haber cruzado la galaxia en pocos millones de años, un intervalo breve comparado con los miles de millones de años de antigüedad de muchas de esas estrellas. La paradoja debe su nombre al físico Enrico Fermi, quien en 1950, durante una comida en el Laboratorio Nacional de Los Alamos (Nuevo México), preguntó de improviso a sus colegas Emil Konopinski, Edward Teller y Herbert York: «¿Pero dónde está todo el mundo?». La conversación había derivado desde los informes de platillos volantes y la viabilidad del viaje más rápido que la luz. La paradoja apareció por primera vez publicada en un artículo de 1963 de Carl Sagan, aunque existen formulaciones anteriores en textos de Bernard Le Bovier de Fontenelle (1686), Jules Verne (1865) y Konstantín Tsiolkovski (1933). Entre las soluciones propuestas figuran que la vida inteligente sea extremadamente rara (hipótesis de la Tierra rara), que las civilizaciones tengan vidas cortas, o que existan pero, por distintos motivos, no podamos detectar su presencia. El artículo de Wikipedia repasa la cadena de razonamiento que sostiene la paradoja y los principales intentos por resolverla.
