Un ordenador cuántico todavía no ha realizado de forma concluyente una sola tarea útil: las máquinas actuales son demasiado pequeñas y están plagadas de errores como para abordar problemas con interés comercial. Pese a ello, el asesor científico de Donald Trump prometió en junio de 2026 un equipo "lo bastante potente para el descubrimiento científico en 2028", y el propio Trump firmó una orden ejecutiva para acelerar la industria estadounidense frente a China.
En el sector privado, Microsoft presentó en junio su chip Majorana 2 y aseguró que adelanta a 2029 su hoja de ruta hacia un ordenador cuántico escalable. Investigadores independientes, como el físico Henry Legg, de la Universidad de St. Andrews, calificaron el anuncio de "completa patraña" y publicaron críticas en Nature sobre las discrepancias entre los artículos de Microsoft y sus comunicados de prensa.
El artículo explica qué es un ordenador cuántico —un dispositivo que utiliza cúbits, unidades de información basadas en probabilidades en lugar de ceros y unos— y por qué se presenta como una herramienta revolucionaria: simulación de moléculas, nuevos materiales para baterías o fármacos y, en teoría, ruptura de la criptografía RSA mediante el algoritmo de Shor. En la práctica, chips como Willow de Google aún son demasiado primitivos para esas aplicaciones, y la visión pasa por centros de datos especializados con muchos chips conectados en red, no por dispositivos de consumo.
El texto repasa las distintas tecnologías de cúbits (átomos neutros, iones, circuitos superconductores, partículas de Majorana controvertidas), las inversiones de IBM (más de 10 000 millones de dólares en cinco años) y los 2 000 millones de fondos públicos anunciados por la administración Trump. Con todo, el patrón se repite desde hace años: anuncio empresarial, crítica académica, nuevas inyecciones de capital, mientras los investigadores siguen debatiendo cuál será, exactamente, la utilidad real de esta tecnología.
