Daniel, autor del blog devz.cl, comparte en este artículo una metodología personal para escribir ensayos y textos de no ficción que aprendió, en parte, por contraste: una profesora de Historia Antigua le reprochó haber aprobado gracias al trabajo de un compañero, sin saber que él había redactado el ensayo casi en solitario durante noches enteras. A partir de esa experiencia, articula su consejo central con una analogía vegetal: todo texto necesita un tronco —el tema—, y a partir de ahí crecen ramas —los argumentos— y hojas o frutos —los apoyos—.
El primer paso es decidir el tema y, opcionalmente, la tesis que se quiere sostener sobre él. Si el texto es puramente expositivo, narrativo o descriptivo, puede prescindirse de tesis, pero conviene hacerlo de forma consciente. A continuación, cada argumento debe sostenerse con evidencias, datos, citas, anécdotas, analogías, contraargumentos u otros recursos, creando una jerarquía en la que las ideas principales se apoyan en otras secundarias.
El segundo eje es la presentación: hay que escribir pensando en el lector y en la cultura de escritura de cada disciplina. Daniel recomienda además estructurar el texto en “ondas semánticas”, alternando conceptos abstractos con ejemplos concretos y cotidianos, siguiendo principios de la lingüística sistémica funcional de Halliday y de la Teoría del Código de Legitimación de Karl Maton. Nominalización y ondas semánticas, explica, son las herramientas que permiten empaquetar y desempaquetar conocimiento sin perder al lector.
