Paleontólogos confirman el primer Diplodocus en Europa tras su hallazgo en Teruel

Fuentes: Paleontólogos confirman el primer Diplodocus en Europa tras su hallazgo en Teruel, sci.news

Durante décadas, la imagen mental del Diplodocus, el icónico dinosaurio sauroópodo de cuello largo y cola en forma de látigo, se limitaba a los yacimientos del oeste de Estados Unidos. Sin embargo, esta percepción ha cambiado radicalmente con el hallazgo de los primeros fósiles confirmados de este género fuera de Norteamérica, en la península ibérica. Un equipo de paleontólogos de la Fundación Dinópolis ha confirmado la presencia de un Diplodocus en España, un hito que no solo reescribe la historia de la distribución geográfica de estos gigantes, sino que también ofrece nuevas claves sobre la migración intercontinental de los dinosaurios durante el Jurásico Superior.

El descubrimiento se produjo en el yacimiento de La Tejería, situado en el municipio de El Castellar, en la provincia de Teruel. Los restos recuperados, que incluyen 14 vértebras de la cola y varios chevrones (huesos con forma de 'Y' situados en la parte inferior de las vértebras), se encuentran excepcionalmente bien conservados. Según los datos proporcionados por Xataka y Sci.news, estos fósiles datan de hace aproximadamente 150 millones de años, durante el Jurásico Superior, una época en la que la geografía del planeta era muy distinta a la actual, con conexiones terrestres temporales que permitían el intercambio de fauna entre continentes.

La identificación de estos restos como pertenecientes a la especie Diplodocus no fue un proceso inmediato ni superficial. Como detallan los investigadores, la clave residía en la combinación única de rasgos anatómicos presentes en los huesos. Los paleontólogos identificaron características específicas, como cavidades neumáticas grandes en las vértebras, profundos surcos longitudinales en la cara inferior, chevrones bífidos con fosas mediales y cuerpos vertebrales alargados sin crestas laterales. Esta combinación de rasgos, junto con análisis filogenéticos complejos, permitió descartar otras especies sauroópodos presentes en la región, como Turiasaurus o Losillasaurus, que aunque emparentadas, poseían características distintas. Dr. Alberto Cobos, director de la Fundación Dinópolis, señaló que el proceso fue "excitante y continuo", donde cada nuevo resultado analítico hacía más clara la imagen de que se trataba de un Diplodocus.

Aunque el espécimen recuperado no es el esqueleto completo del dinosaurio, las proporciones de las vértebras permiten realizar cálculos precisos sobre sus dimensiones. Se estima que este Diplodocus ibérico alcanzaba una longitud de aproximadamente 25 metros, una cifra que lo sitúa en la misma categoría de tamaño que sus parientes de Norteamérica. Esta similitud en el tamaño refuerza la hipótesis de que se tratara de la misma especie, aunque adaptada a un entorno geográfico diferente.

La publicación de estos hallazgos en la revista Journal of Vertebrate Paleontology marca un punto de inflexión en la investigación paleontológica. Hasta ahora, los registros confirmados del género Diplodocus procedían exclusivamente de Norteamérica, a pesar de que se habían encontrado formas emparentadas en Portugal, Tanzania, Sudamérica y otros puntos de España. Este descubrimiento rompe el monopolio geográfico que se creía existente y plantea preguntas fundamentales sobre cómo se movían los dinosaurios por la geografía. Los expertos sugieren que la presencia de Diplodocus en la península ibérica es compatible con episodios de dispersión intercontinental, facilitados posiblemente por conexiones terrestres temporales o por una reducción significativa de la barrera marina que separaba las masas terrestres en aquella época.

Sergio Sánchez Fenollosa, estudiante de doctorado en la Fundación Dinópolis, destacó que este hallazgo permite "mejor entender los ecosistemas mesozoicos ibéricos y la diversidad de dinosaurios sauroópodos que habitaban el Jurásico europeo". Para el equipo, Teruel se ha convertido en un lugar de referencia para comprender esta gran diversidad. La noticia no solo valida la existencia de un Diplodocus en Europa, sino que también subraya la importancia de los yacimientos de Teruel para el estudio de la fauna del Jurásico Superior. Este descubrimiento abre la puerta a futuras investigaciones sobre la migración de especies y la diversidad biológica de la península ibérica en el pasado geológico, ofreciendo una visión más completa y conectada de la historia de la vida en la Tierra.