La columnista Rachel Simmons, investigadora postdoctoral en Stanford, denuncia en un artículo de opinión que le impidieron utilizar ChatGPT durante una 'chalk talk' (charla con pizarra) en una entrevista para una plaza de profesor titular en una universidad de Connecticut que no nombra. El formato, según explica, obliga al candidato a presentar sus planes de investigación únicamente con una pizarra y sin materiales de apoyo, una tradición académica diseñada en 1974 y, a su juicio, nunca actualizada. Simmons relata que al abrir su portátil para redactar prompts recibió el rechazo del comité de selección, que le pidió que explicara su enfoque científico 'con sus propias palabras' y trazara manualmente una vía de señalización. La investigadora argumenta que su trabajo depende de modelos de lenguaje y que evaluar su capacidad sin esas herramientas equivale a medir a un carpintero sin martillo. Tras ser rechazada por 'preocupaciones sobre pensamiento independiente', afirma que ahora opta a puestos en la industria, donde asegura que la cultura acepta mejor la cognición aumentada por IA. El texto es una sátira que exagera hasta el absurdo la dependencia de la IA generativa para ridiculizar tanto al sistema de contratación académica como a quienes sustituyen el razonamiento propio por prompts automáticos.
