OpenAI ha puesto en marcha una ambiciosa estrategia para reforzar la supervisión de los riesgos de la inteligencia artificial avanzada mediante la creación de un puesto directivo de alto nivel: el 'Responsable de preparación'. El anuncio, realizado por el CEO Sam Altman a través de la red social X, ha sorprendido por la crudeza de su mensaje de advertencia y por la elevada compensación económica ofrecida, que alcanza los 555.000 dólares anuales en salario base, complementados con un paquete accionarial.
Según la documentación interna de la compañía, el objetivo de este cargo es anticipar, medir y contener los riesgos más graves asociados a la IA avanzada. La persona seleccionada liderará un equipo dedicado a evaluaciones técnicas, modelos de amenaza, pruebas de abuso, mitigaciones y, lo que resulta especialmente relevante, decisiones de lanzamiento. Una de sus principales responsabilidades será determinar cuándo un modelo resulta demasiado peligroso para ser publicado, incluso si ello implica perder ventaja competitiva frente a rivales menos cautelosos.
Altman reconoció sin ambages que en 2025 la empresa ya ha experimentado "un adelanto" del impacto de sus sistemas en la salud mental de los usuarios. Asimismo, admitió que los modelos comienzan a ser lo bastante competentes en ciberseguridad como para detectar vulnerabilidades críticas, un área que hasta hace poco parecía reservada a especialistas humanos. Las áreas de 'daño severo' que quedan bajo supervisión de este nuevo cargo son tres: ciberseguridad, capacidades biológicas y químicas, y sistemas de IA con capacidad de auto-mejora.
La definición interna de 'daño severo' que maneja OpenAI resulta ilustrativa: la compañía lo equipara a resultados comparables a miles de muertes, lesiones graves a gran escala o pérdidas económicas de cientos de miles de millones de dólares, magnitudes propias de planes de contingencia gubernamentales. Esta magnitud explica tanto la inusual oferta salarial como la advertencia de Altman, quien describió el puesto como un trabajo "estresante" que exige implicación total desde el primer día.
La decisión llega en un momento delicado para la organización. El historial reciente incluye tensiones internas, la salida de varios responsables de seguridad y críticas públicas de exempleados que denunciaron que la cultura de seguridad quedaba relegada frente a los lanzamientos rápidos. Precisamente estas denuncias estuvieron en el origen del breve cese de Altman como CEO. A este clima interno se suma un entorno externo cada vez más exigente, con una oleada creciente de demandas judiciales, un escrutinio regulatorio intensificado y una opinión pública estadounidense que, según encuestas recientes, percibe más riesgos que beneficios en la expansión de la IA.
La oferta de OpenAI contrasta con el enfoque de otras grandes tecnológicas, que durante años fueron criticadas por tratar los riesgos de la IA con cierta ligereza. Con la creación de este puesto, la compañía intenta responder a esas críticas situando a una figura con nombre y apellido al frente de los peores escenarios posibles. Sin embargo, persisten las dudas sobre si un único cargo, por muy bien remunerado que esté, será suficiente para contener riesgos sistémicos de una tecnología en rápida evolución.
Por el momento, la búsqueda de candidatos sigue abierta y el sector observa con atención el resultado. Lo que resulta innegable es que OpenAI ha elevado el listón en cuanto a la remuneración y la responsabilidad asignadas a la supervisión de riesgos en inteligencia artificial, marcando un precedente que podría obligar a competidores como Anthropic, Google DeepMind o Meta a replantear sus propias estructuras de seguridad en un futuro próximo.
