Odiar la inteligencia artificial en 2026: crónica de un desencanto

Fuentes: Potentially Useful | Hating AI in 2026

Un profesional con dos décadas de experiencia en aprendizaje automático reflexiona sobre el rechazo, cada vez más estigmatizado, a los modelos de inteligencia artificial generativa. Tras una primera década de avances notables en redes neuronales, el autor lamenta que la innovación técnica se haya estancado mientras las grandes tecnológicas —que ya concentran una proporción desmesurada de la economía pese a no producir bienes de primera necesidad—apuestan su futuro por construir modelos más grandes, ávidos de datos y energía.

El texto denuncia un patrón que se repite: cuando se señalan los perjuicios actuales y futuros de la IA —desde su enorme huella de carbono hasta la desmesura de costes sociales— sus usuarios y beneficiarios optan por ignorar las críticas. El autor, que sí se mostró entusiasta de los desarrollos anteriores, considera que los chatbots son un truco ingenioso, pero no justifican los costes socializados que implican. Frente a quienes cuestionan su postura como alarmista, recuerda que aún es sencillo no usar IA: basta con usar el ordenador como hace tres años.

El ensayo compara la situación con el clima previo a la invasión de Irak en 2003: una mayoría trata con desprecio a los críticos de una empresa colectiva con beneficios asimétricos. La diferencia estriba en que las víctimas del cambio climático son difíciles de identificar y en que esta vez muchos colegas y amigos del autor están del lado equivocado.