Robert McNamara encarna la tecnocracia estadounidense de mediados del siglo XX: un hombre que llevó la cuantificación al corazón de las decisiones políticas. Apodado "una máquina IBM con piernas", pasó de aplicar control estadístico a los bombardeos sobre Japón durante la Segunda Guerra Mundial a presidir la Ford Motor Company y, a los 44 años, convertirse en el primer no miembro de la familia Ford en hacerlo cargo. Pocas semanas después aceptó el Pentágono que le ofreció Kennedy.
Como secretario de Defensa entre 1961 y 1968, McNamara racionalizó el gasto militar con el sistema PPBS y la Oficina de Análisis de Sistemas, bases aún hoy de la contratación estadounidense. Sin embargo, su legado quedó ligado a la escalada en Vietnam: de 3.200 soldados estadounidenses en 1961 a más de medio millón en 1968, y 7,5 millones de toneladas de bombas lanzadas sobre el país, más del doble que en Europa y Asia durante la Segunda Guerra Mundial. El Sistema de Evaluación de Hamlet, que cada mes clasificaba 12.000 aldeas en una escala de la "A" a la "E", ilustra la paradoja: estadísticas optimistas que no anticipaban la voluntad del Viet Cong de absorber pérdidas.
Archivos recientes sugieren que McNamara reconoció ya en noviembre de 1965 que la guerra no podía ganarse, pero durante casi dos años siguió defendiéndola en público mientras impulsaba en privado una salida negociada. Esa etapa alimenta la pregunta central del ensayo: ¿cómo una misma mentalidad cuantitativa produjo victorias burocráticas tempranas y fracasos estratégicos enormes? El texto, aún en desarrollo, continúa con su etapa al frente del Banco Mundial y su cruzada posterior contra la pobreza global.
