Una empresa, tras ser adquirida por una corporación más grande, implementó un nuevo sistema de seguridad con lectores de tarjetas de acceso y torniquetes en sus tres edificios de 13 pisos, generando importantes problemas de flujo de trabajo. Inicialmente, la activación del sistema de estacionamiento provocó largas colas. Posteriormente, la instalación de torniquetes en la planta baja, destinada a reforzar la seguridad, resultó en congestión y retrasos significativos para los empleados, quienes se vieron obligados a esperar en largas filas para ingresar a los edificios y utilizar los ascensores. La situación llegó a tal punto que los empleados optaron por alternativas como Uber, lo que a su vez generó nuevos atascos. Finalmente, la empresa desactivó los torniquetes y los lectores de tarjetas en los ascensores debido a la ineficiencia del sistema. El incidente puso de manifiesto una desconexión entre las medidas de seguridad visibles y la seguridad real, evidenciando una vulnerabilidad crítica en el sistema de gestión de tareas (Jira) que, a pesar de las alertas, tardó un mes en ser corregida, mientras que la instalación de los torniquetes fue celebrada como un logro de seguridad.
