"Crystal Nights" es un relato de ciencia ficción del autor australiano Greg Egan, publicado por primera vez en el número 215 de la revista Interzone en abril de 2008. Desde entonces, el cuento ha sido recogido en varias antologías, entre ellas "Oceanic" y la colección homónima "Crystal Nights and Other Stories" (Subterranean Press), además de en recopilaciones anuales editadas por Jonathan Strahan y Gardner Dozois. La obra ha sido traducida al japonés, checo, español, francés y chino, y ha aparecido en publicaciones como Hayakawa's SF Magazine, XB-1, Bifrost, Science Fiction World y Terra Nova Volume 2.
La trama se desarrolla durante una cena en la residencia de Daniel Cliff, un enigmático empresario que invita a Julie Dehghani, destacada investigadora en inteligencia artificial. La velada tiene lugar en un comedor con vistas al Golden Gate Bridge de San Francisco. Tras unos intercambios iniciales, Cliff conduce a Julie a una sala contigua donde un teclado inalámbrico y un monitor empotrado en la pared muestran una interfaz de línea de comandos Linux, y le pide que evalúe el rendimiento de la máquina mediante pruebas comparativas estándar.
Julie detecta que la calificación de FLOPS resulta inusualmente alta. Al ejecutar algoritmos demostradamente no paralelizables, comprueba que la cifra se mantiene, lo que revela la existencia de un único procesador. Cliff le muestra entonces un módulo cuadrado de cinco centímetros de lado y cinco milímetros de grosor, sin marcas identificativas, valorado en cientos de millones de dólares: un cristal fotónico tridimensional, sin componentes electrónicos, fabricado mediante nanofabricación.
Cliff expone su propósito: reclutar a Julie para que emplee esa plataforma con el fin de avanzar hacia una inteligencia artificial consciente de nivel humano. Julie objeta que la potencia de cálculo por sí sola no resolverá los problemas fundamentales del campo, que compara con un laberinto más que con una autopista. Cliff replica invocando la evolución como único ejemplo conocido de aparición de conciencia y señala que no está dispuesto a esperar tres mil millones de años. El relato combina especulación tecnológica con reflexión filosófica sobre mente y máquina, característico del estilo de Egan.
