El consultor de software Michael Bolton (James Bach, detrás del seudónimo) ha publicado un aviso público en el que pide a profesionales y escritores que dejen de afirmar que recurren a inteligencia artificial para redactar sus textos, porque esa afirmación, aunque se formule como una simple 'ayuda', lleva implícita la sospecha de que la IA hizo el trabajo sustantivo. El autor expone su política personal: jamás permite que un modelo de IA redacte una sola frase que lleve su firma, y equipara delegar la escritura en IA a montar un motor en una bicicleta estática o a tomar un helicóptero hasta la cima del Everest y decir que se hizo la ascensión.
El texto contrasta dos experiencias propias para distinguir entre autoría real y autoría delegada. Por un lado, recuerda un caso de ghostwriting en el que él escribió un artículo firmado por otro y cómo eso le sigue pesando; por otro, relata la colaboración profunda con Jeff Nadelman en el capítulo sobre pruebas prospectivas de su libro 'Taking Testing Seriously', donde ambos créditos están justificados por decenas de horas de conversación y por contribuciones verificadas de Nadelman. A partir de ahí, sostiene que, cuando alguien dice que 'usó IA para ayudar' a escribir, el observador externo no tiene forma de saber cuánto trabajo humano hubo realmente, y termina aplicando un asterisco mental a toda la obra.
Bolton concluye que presentar un texto generado por IA como propio equivale a mentir y que la pendiente entre la 'ayuda' y la pereza total es tan resbaladiza que la mejor defensa de la reputación profesional es no cruzar esa línea ni proclamarla.
