Un niño de 8 años, de 26 kg, fue rescatado con vida tras permanecer entre 147 y 177 minutos sumergido en un estanque helado en Pensilvania, en diciembre, con una temperatura ambiente de -3 °C. Los padres hallaron las huellas de su trineo sobre el hielo roto y alertaron a los servicios de emergencia, que iniciaron la reanimación cardiopulmonar (RCP) en tierra firme. La intubación endotraqueal y la ventilación con presión positiva se realizaron en el lugar, y la temperatura corporal medida en el muslo fue de 7 °C.
El equipo de transporte mantuvo la RCP durante 69 minutos y trasladó al menor directamente al quirófano de cirugía cardíaca del Geisinger Medical Center, en Danville (Pensilvania), donde se le conectó a un sistema de oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO) venoarterial a través de los vasos femorales. La temperatura esofágica inicial tras el inicio del ECMO fue de 15,2 °C, con un pico de potasio sérico de 8,6 mmol/L y un déficit de base de -22 mmol/L, indicadores de una parada circulatoria profunda.
El recalentamiento se realizó con un gradiente térmico ≤10 °C. Al aproximarse a los 22 °C aparecieron deflexiones eléctricas sinusoidales que, al alcanzar los 28 °C, se organizaron en ritmo sinusal. A los 35,5 °C el paciente fue trasladado a la UCI pediátrica, donde se trató el edema pulmonar y la coagulopatía. En el día 12 se le retiró el ECMO y en el día 30 fue extubado. Recibió el alta hospitalaria el día 59 hacia una unidad de neurorrehabilitación.
En el seguimiento a seis meses, el niño obedecía órdenes sencillas, se mantenía de pie sin apoyo, montaba en triciclo, comía alimentos blandos y recuperaba progresivamente funciones cognitivas y neuromusculares. El caso supera los registros previos de supervivencia a inmersión en agua helada, que alcanzaban 83 minutos y temperaturas de 11,8 °C, y los autores subrayan su relevancia para los protocolos de RCP, la preservación de órganos y la neuroplasticidad tras isquemia total prolongada.
