Este extenso ensayo en formato blog —versión anotada de un videoensayo— traza un paralelo entre el director ruso Nikolái Evreinov (1879-1953) y el comediante canadiense Nathan Fielder. El hilo conductor es una idea compartida: para ambos, la felicidad y la comprensión de la conducta humana pasan por convertir la vida misma en teatro.
El texto arranca con la recreación de la Toma del Palacio de Invierno que Evreinov dirigió en 1920, pocos años después de la revolución rusa: cerca de 10.000 intérpretes —muchos testigos del hecho original—, 320 vehículos militares, un buque de guerra y 100.000 espectadores convertidos en participantes. Frente a la lectura reduccionista que lo presenta como propagandista soviético, el autor propone entenderlo como un pensador avant la lettre, comparable a Fielder.
Evreinov fue, junto a Konstantín Stanislavski y Vsévolod Meyerhold, uno de los tres grandes directores rusos de principios del XX. Simultáneamente, se le consideró solo un cómico por sus parodias teatrales y por su teoría de que toda la vida es representación, tan extravagante que muchos creyeron que bromeaba. La misma ambigüedad —¿obra seria o sátira?— rodea los proyectos de Fielder sobre conciencia del Holocausto o seguridad aérea.
Nacido en Moscú en el seno de una familia acomodada, Evreinov escribió su primera parodia a los siete años y casi fue expulsado del colegio por caricaturizar a sus profesores. Estudiante de Derecho en San Petersburgo, dedicó su tesis a la dimensión performativa de las ejecuciones públicas. Su obra más conocida, El déspota hermoso (1906), imagina a un ex periodista progresista que decide reconstruir la vida de su bisabuelo en 1808, con criados cómplices que mantienen la ficción durante meses: un argumento que evoca Westworld siete décadas antes de la serie.
El ensayo anuncia una segunda parte dedicada a Fielder, sus series Nathan for You y The Rehearsal, y la refracción de las ideas de Evreinov a través del neoliberalismo y el capitalismo tardío.
