La NASA encargó a la startup Katalyst Space Technologies una misión de rescate satelital sin precedentes: construir, probar y lanzar en menos de un año una nave que se acoplará al observatorio Swift, valorado en 500 millones de dólares, para elevarlo de órbita y evitar su destrucción al reentrar en la atmósfera. El contrato, firmado en septiembre tras una solicitud de la NASA a tres empresas hace diez meses, asciende a 30 millones de dólares.
Swift, lanzado en noviembre de 2004 para detectar estallidos de rayos gamma, carece de propulsores propios. La fricción aerodinámica en la órbita baja terrestre ha reducido su altitud desde los 585 km iniciales hasta los 363 km actuales, y el deterioro se acelerará conforme descienda a capas atmosféricas más densas. La nave de servicio Link, de Katalyst, perseguirá a Swift, se aferrará a él con tres brazos robóticos y lo impulsará de vuelta a una altitud operativa segura.
Según Shawn Domagal-Goldman, director de la división de astrofísica de la NASA, la propuesta de Katalyst fue la más viable técnica y programáticamente. La comunidad astrofísica sigue dependiendo de los instrumentos multiespectro de Swift para localizar estallidos de rayos gamma y coordinar observaciones de seguimiento con otros observatorios.
