Nancy Kanwisher: Una científica poco convencional

Fuentes: Nancy Kanwisher life story

La historia de Nancy Kanwisher, una destacada investigadora en neurociencia cognitiva, es un relato poco convencional sobre cómo encontró su camino en la ciencia. A diferencia de las historias de superación contra viento y marea, Kanwisher creció en un entorno privilegiado en Woods Hole, Massachusetts, rodeada de oportunidades científicas. Su primer trabajo, co-autorado con su padre, fue sobre la fisiología de aves acuáticas, lo que sentó las bases para su futura carrera.

Su trayectoria académica estuvo marcada por altibajos. Inicialmente, luchó en el MIT debido a una preparación deficiente en la escuela secundaria. Buscó refugio en el departamento de psicología, donde trabajó con Molly Potter, quien la mentorizó y le enseñó a extraer conclusiones sobre la mente a partir de datos conductuales, una analogía con entender cómo funciona un coche solo observando cómo se conduce. Un punto de inflexión fue la publicación de un estudio de neuroimagen que mostraba una imagen borrosa del cerebro durante la percepción visual, lo que la inspiró a utilizar técnicas de neuroimagen para investigar la mente.

Kanwisher enfrentó numerosos fracasos experimentales y, en varias ocasiones, abandonó la ciencia para dedicarse al periodismo, incluso pasando un tiempo en Nicaragua durante la guerra contra los contras. Sin embargo, Molly Potter la animó a perseverar, creyendo en su potencial. La oportunidad llegó con el descubrimiento de un fenómeno perceptual llamado “ceguera por repetición” (repetition blindness), donde las personas no perciben la segunda aparición de una palabra en una secuencia rápida. Al investigar este fenómeno, Kanwisher descubrió una vía para conectar la percepción con la actividad cerebral, lo que le permitió obtener su doctorado y posteriormente un puesto como profesora en UCLA.

Su trabajo pionero en neurociencia la llevó a identificar el área fusiforme del rostro (FFA), una región del cerebro especializada en el reconocimiento de rostros. La FFA es un ejemplo de una 'área de conocimiento' específica, demostrando que el cerebro está organizado en módulos especializados para diferentes tareas. Kanwisher enfatiza la importancia de la suerte y la perseverancia en la investigación científica, así como el valor de la mentoría y el apoyo de colegas como Molly Potter y Anne Treisman. Su historia es un testimonio de cómo la curiosidad, la resiliencia y un poco de suerte pueden conducir a descubrimientos significativos en la comprensión de la mente humana.