Un hombre de 60 años en España acudió al médico por una cefalea persistente de dos semanas de evolución, acompañada de leves cambios de comportamiento. El examen neurológico reveló un leve retraso psicomotor y la analítica mostró elevación de inmunoglobulina E, un marcador asociado a respuestas alérgicas, autoinmunes y parasitarias. Una tomografía computarizada cerebral evidenció múltiples lesiones distribuidas por el encéfalo con edema, por lo que los especialistas sospecharon inicialmente metástasis cerebrales, ya que el paciente no estaba inmunoinmunodeprimido ni había viajado al extranjero.
El tratamiento con corticoides alivió la cefalea, mientras se realizó un estudio exhaustivo para localizar el tumor primario: tomografía corporal completa con contraste, colonoscopia y PET-TC, sin hallazgos malignos. Una resonancia magnética posterior reveló que las lesiones no eran tumores, sino larvas enquistadas de tenia, con escólexes visibles. Los autores del caso, publicado en Emerging Infectious Diseases, explican que Taenia solium no es endémica en España, pero el hombre, jubilado diez años atrás, había trabajado en construcción con personas procedentes de regiones donde el parásito sí circula. Los médicos plantean como hipótesis una transmisión críptica por compartir comidas y baños con un compañero portador de una tenia intestinal.
