Más de 80 actores piden al Gobierno británico una ley contra los clones de voz con IA

Fuentes: theguardian.com, Matt Lucas and Hugh Bonneville call for law on AI voice clones

Más de 80 actores, cantantes y profesionales del sector creativo británico han unido fuerzas en una campaña sin precedentes para exigir al Gobierno del Reino Unido una ley que proteja la voz humana frente a la clonación mediante inteligencia artificial. La iniciativa, bautizada como "Save Our Voices Now", ha remitido una carta abierta al primer ministro Andy Burnham y ha lanzado una petición en Gov.uk para que la propiedad de la voz sea reconocida como un derecho legal de todos los ciudadanos británicos.

Entre los firmantes más conocidos figuran rostros populares de la televisión y el cine del Reino Unido, como Matt Lucas, Hugh Bonneville, Nicola Coughlan —protagonista de Los Bridgerton—, Luke Evans, Siobhán McSweeney, conocida por Derry Girls, Jen Brister y Pearl Mackie. A ellos se suman otros profesionales del mundo del entretenimiento, como la cantante escocesa Sandi Thom, célebre por su éxito de 2006 "I Wish I Was a Punk Rocker (With Flowers in My Hair)", quien recordó que su voz es "única" y le fue "entregada al nacer", cargando tras de sí la emoción, el dolor y las alegrías de su vida.

La preocupación de los artistas no es abstracta. La cofundadora de la campaña, la narradora de audiolibros Alice Sockett, calificó la situación como "una amenaza existencial para toda nuestra industria" y advirtió de que "el robo de voces aumenta cada semana". Según datos de la propia campaña recogidos por The Guardian, el 28% de los adultos británicos afirma haber sido objetivo de alguna estafa mediante clonación de voz. El fundador de Save Our Voices Now, Peter Caulfield, alertó de que "en solo tres segundos, con el sistema de IA adecuado, tu voz puede ser clonada, robada y reinterpretada sin tu conocimiento. Es un episodio de Black Mirror, excepto que esto no es ficción, está ocurriendo ahora mismo".

La tecnología capaz de clonar voces ha avanzado a un ritmo vertiginoso. Aunque las versiones más básicas pueden entrenarse con apenas unos segundos de audio en cuestión de minutos, los clones de alta calidad requieren horas de grabación, según explicó la BBC. El problema se agrava por el hecho de que muchas de estas voces ya circulan en dominio público —en entrevistas, películas, audiolibros o redes sociales— sin ninguna protección legal efectiva. Como denunció la abogada Dra. Mathilde Pavis en junio pasado, "la ley se acerca, pero no protege completamente tu voz, tu rostro o tu identidad".

Ante esta situación, los artistas piden que se reconozca la voz como parte integrante de la identidad personal y que su uso no autorizado sin consentimiento sea considerado un delito. Bonneville, estrella de Paddington y Downton Abbey, lo resumió con rotundidad: "Mi voz es única, es mía, es parte de mi identidad. También lo es la tuya. Vale la pena levantar la voz por ello". McSweeney, por su parte, expresó su "profunda preocupación" por el desfase entre la velocidad de avance de la IA y la lentitud de la legislación para proteger a los artistas, aunque reconoció que es posible "trabajar junto a la IA como herramienta beneficiosa en lugar de quedar obsoletos".

Un portavoz del Gobierno británico respondió a la BBC que, si bien "los réplicas digitales pueden ser una herramienta poderosa, también para las industrias creativas", existe un potencial de daño que debe regularse. En esa línea, anunció la apertura de una consulta pública para abordar estos perjuicios sin frenar la innovación legítima. La campaña, sin embargo, advierte de que las medidas anunciadas hasta ahora son insuficientes y sitúa al Reino Unido a la zaga de otros países. En Dinamarca, recientes reformas legales ya otorgan a los ciudadanos la propiedad sobre su rostro, cuerpo y voz, permitiéndoles exigir la retirada de contenido no autorizado y reclamar compensaciones económicas.

El debate, no obstante, no está exento de matices. Mientras los profesionales creativos defienden una protección estricta, algunos usuarios han encontrado en la clonación de voz una herramienta transformadora. Es el caso de Yvonne Johnson, quien perdió la capacidad de hablar a causa de una enfermedad de la motoneurona y explicó a la BBC que tener su voz clonada por IA le "volvió loca de emoción", permitiéndole reconectar con su familia, que había olvidado cómo sonaba. Incluso se ha llegado a utilizar la tecnología para crear hologramas de personas fallecidas, como el que Pam Cronrath, del estado de Washington, sorprendió a los asistentes al funeral de su marido, generando una experiencia emocional profundamente impactante.

La campaña Save Our Voices Now se encuentra ahora en un momento decisivo: con más de 80 firmas de peso, una petición oficial en marcha y un precedente regulatorio europeo en Dinamarca, la presión sobre el Gobierno de Burnham para legislar sobre la propiedad de la voz humana en la era de la inteligencia artificial no deja de crecer. La pregunta que queda en el aire es si Westminster actuará antes de que el daño sea irreversible o si, como temen los artistas, la tecnología vuelva a adelantarse a la ley.