Más allá de la mascarilla: guía práctica para proteger la salud del humo de incendios forestales

Fuentes: Face Masks Aren’t Enough. How to Prevent Health Damage from Wildfire Smoke

El humo de los incendios forestales representa uno de los mayores riesgos sanitarios del verano en Norteamérica, a menudo más peligroso que el fuego mismo. Las partículas finas PM2,5, invisibles y de menos de 2,5 micras, penetran en los pulmones, pasan al torrente sanguíneo y pueden permanecer semanas en el organismo. Están vinculadas a infartos, ictus, cáncer de pulmón, daño en pulmones en desarrollo, caída de la fertilidad y deterioro cognitivo y anímico. Según Heidi Huber-Stearns, directora del Center for Wildfire Smoke Research and Practice de la Universidad de Oregón, los niños sanos también son vulnerables, ya que sus pulmones en formación se ven agredidos aunque no muestren sibilancias.

La primera defensa es la información: la web AirNow.gov, que reúne datos de agencias federales, ofrece el índice de calidad del aire (AQI) por código postal. Con AQI superior a 150 se recomienda a personas sensibles evitar el exterior y usar mascarilla N95; por encima de 200, la advertencia se extiende a toda la población.

Cuando quedarse en casa no es posible, conviene crear un 'espacio de aire limpio' dentro del hogar mediante un purificador con filtro HEPA, como el Rabbit Air de 370 dólares recomendado por WIRED. Quienes no puedan permitírselo pueden montar un purificador casero Corsi-Rosenthal: un ventilador de caja con un filtro MERV 13 fijado con cinta adhesiva, una solución avalada por la EPA que reduce eficazmente las partículas en suspensión. Limitar el ejercicio físico al aire libre, mantener ventanas cerradas y centralizar a la familia en esa habitación limpia completan la estrategia para minimizar la exposición.