Investigadores y filósofos debaten si las máquinas deben dotarse de consciencia para mejorar su autonomía y eficacia, un asunto que atraviesa la robótica actual y que cuenta con argumentos tanto técnicos como filosóficos. La discusión distingue entre 'conciousness' —vínculo metafísico— y 'awareness' —autopercepción del entorno—, una diferencia que el castellano no recoge. Ricardo Sanz, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid y coordinador del Laboratorio de Sistemas Autónomos, trabaja desde hace más de dos décadas en dotar a los robots de 'awareness': que reconozcan qué es importante, anticipen problemas y resuelvan incidencias de forma integral, sin programar cada excepción de manera artesanal. Su equipo busca un sistema unificado que permita a las máquinas incorporar cualquier elemento que necesiten comprender, desde detectar un láser averiado hasta interpretar gestos humanos.
Frente a esta línea pragmática, el profesor de Filosofía Santiago Sánchez-Migallón defiende que la consciencia implica un campo fenoménico con emociones y recuerdos, y que esas capacidades son necesarias para captar el mundo. En cambio, Vicent Juan Botti, catedrático de la Universitat Politècnica de València y director del Instituto VRAIN, sostiene que para automatizar procesos industriales o administrativos no hace falta consciencia humana, y descarta que los modelos de lenguaje actuales puedan considerarse conscientes. Sanz ilustra la utilidad práctica con un caso: un coche autónomo que frena en la autopista al confundir la palabra 'Stop' pintada en un anuncio de hamburguesería con una señal de tráfico. Esa falta de comprensión profunda del contexto revela por qué dotar a las máquinas de una percepción integrada es uno de los retos abiertos de la robótica contemporánea.
