Blaise Thorens, dueño de la cadena Billy Brunch y titular de diez locales en Barcelona, Madrid y Sevilla, ha denunciado que en las puertas de sus establecimientos aparecen muñecos de vudú, velas, monedas y pintadas como forma de protesta vecinal. El fenómeno se concentra en la Dreta de l'Eixample, distrito que acumula 3.251 de los 7.531 pisos turísticos registrados en la ciudad y donde vecinos han denunciado ante la Sindicatura de Greuges un proceso de gentrificación con 74 fincas en transformación hacia vivienda de lujo.
La marca abrió su primer local en 2018 en la calle Bailén, donde hoy controla tres esquinas consecutivas, y emplea a cerca de 200 personas. Su último local, con piscina de bolas y tobogán, se ha viralizado en redes. Desde 2023, la Assemblea de Barris pel Decreixement Turístic convoca marchas bajo el lema «No al brunch, decreixement turístic ja», convirtiendo el brunch en sinónimo de turistificación.
Thorens rechaza ser «chivo expiatorio», defiende su aportación fiscal y de empleo y señala como grandes responsables a los cruceros y a los tenedores de vivienda que mantienen pisos cerrados para especular. El artículo contextualiza además el origen del muñeco de vudú: una deformación colonial europea, no una práctica haitiana real.
