Elon Musk ha lanzado una ofensiva pública y virulenta contra Alex Gibney, el director del documental de cuatro horas titulado 'Musk', que se estrenó esta semana en el Festival de Cine de Venecia. En una serie de publicaciones en la red social X, adquirida por Musk por 44.000 millones de dólares en 2022, el magnate tecnológico calificó al director de un "hombre viejo amargado" con "cero integridad" y describió la película como una "pieza de ataque" que "le falta" y que es "tan aburrida que no merece la pena verla durante cuatro horas". Esta reacción ha generado un intenso debate mediático, revelando la profunda tensión entre el sujeto del documental y su creador.
El documental, dirigido por Gibney, quien ha documentado previamente el colapso de Enron, WikiLeaks y la figura de Vladimir Putin, presenta a Musk como una figura "extremadamente peligrosa". La película explora la evolución de Musk desde sus inicios en Zip2, donde parecía un geek tecnológico modesto, hasta su transformación en una figura megalománica y obsesionada con la energía, el espacio y la tecnología. Variety destaca que la obra es "cortante e importante" porque conecta las obsesiones de Musk con su comportamiento actual, mostrando cómo sus ambiciones de superhombre nazi y su megalomanía han moldeado su imagen pública. Entre los temas centrales se encuentran los más de 60 fallecimientos vinculados a los sistemas de asistencia al conductor de Tesla, los supuestos intentos de Musk de controlar a mujeres jóvenes para aumentar su descendencia y su uso de drogas como ketamina y éxtasis.
La reacción de Musk no se limitó a la crítica general. El magnate amplió una imagen que representaba a su exesposa, Ashley St Clair, como una marioneta controlada por el partido demócrata, a través de "Equipo Soros" y, finalmente, por Alex Gibney. Ante esto, Musk calificó la presencia de Gibney en la película como una "operación psicológica" (psy op) y afirmó que St Clair nunca le ofreció 40 millones de dólares para firmar un acuerdo de confidencialidad, calificando sus acusaciones de falsas. Además, Musk respaldó las quejas de Katie Miller, esposa del asesor de Donald Trump Stephen Miller, quien criticó la ausencia de aliados de Musk en la película, llamándola una "película ficticia" y un "trabajo de ataque" por un director obsesionado con el cine.
Por su parte, Gibney defendió su trabajo en una conferencia de prensa en Venecia, donde señaló que encontró un "sentimiento de miedo" en las personas que entrevistó. El director sugirió que la infancia traumática de Musk en Sudáfrica podría explicar su comportamiento actual, argumentando que Musk está "reproduciendo" ese trauma en la vida pública. Variety añade que, aunque la película contiene revelaciones incandescentes, su mayor valor reside en su estructura narrativa que permite ver la evolución de Musk de manera coherente, evitando la fragmentación típica de las entrevistas a figuras públicas tan complejas.
El impacto del documental trasciende las fronteras de Hollywood. La influencia de Musk en el discurso público ha tenido repercusiones internacionales, como su intervención en el debate de inmigración en el Reino Unido y su celebración de los resultados electorales del partido de extrema derecha Alternative für Deutschland en Alemania. La polarización entre la visión de Musk, que ve a Gibney como un enemigo ideológico, y la de Gibney, que ve a Musk como un sujeto problemático que necesita ser analizado, refleja la creciente fractura en la percepción de la figura más influyente de la tecnología actual. Mientras Musk busca deslegitimar la película como una operación psicológica, Gibney y sus colaboradores insisten en la necesidad de un análisis objetivo de las acciones de Musk, que han puesto en riesgo la reputación de Tesla y su imagen personal. El estreno en Venecia ha servido como punto de inflexión, donde la crítica artística y la defensa de la integridad del sujeto se han convertido en un campo de batalla simbólico de alto perfil.
