Las comunidades de videojuegos enfrentan críticas por la toxicidad dirigida hacia mujeres gamers que comparten su pasión de forma pública. Un ejemplo reciente en el subreddit r/NintendoDS ilustra cómo dinámicas de gatekeeping emergen en espacios aparentemente inocuos: una publicación sobre Billie Eilish y un Nintendo DSi derivó en comentarios que cuestionaban la legitimidad de la cantante en la cultura gamer, en lugar de enfocarse en la nostalgia compartida. Investigadores han documentado que las mujeres enfrentan cuestionamiento constante sobre su identidad como 'gamers reales', incluso en espacios casuales. Este patrón se manifiesta a través de sarcasmo, humildad exagerada requerida o frases como 'name three games' para validar su pertenencia. La toxicidad no siempre es hostilidad directa; puede ser sutil, disfrazada como 'honestidad' o humor excluyente. El efecto acumulativo es excluyente, especialmente para mujeres que ya son hipervisibles al participar. Aunque el gaming nunca ha sido tan diverso y mainstream, ciertas esquinas de estas comunidades aún operan como si la participación requirera permiso, el cual se otorga de manera desigual.
