Bobby Prince, el compositor que definió la identidad sonora de los videojuegos de los años noventa, falleció el 16 de junio de 2026 a los 81 años. Así lo confirmó su obituario familiar, que rinde homenaje a una de las figuras más influyentes —y a la vez menos conocidas para el gran público— de la historia de la música interactiva.
Nacido el 12 de marzo de 1945 en Madison, Indiana, Robert Caskin Prince III llevó una vida alejada de los caminos convencionales. Hijo de un oficial del Ejército, su infancia transcurrió entre Birmingham (Alabama) y Athens (Georgia), ciudad esta última donde echó raíces y comenzó a forjar su vocación musical. Tras graduarse en el Athens High School y cursar estudios en la University of Georgia, sirvió como oficial de pelotón del Ejército de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam. Más tarde se inclinó por la psicología y el derecho, llegando a ejercer como abogado y consejero profesional, mientras la música permanecía como un hilo constante a lo largo de toda su trayectoria vital.
Ese bagaje multidisciplinar acabaría conduciéndolo a una industria entonces incipiente: la del videojuego. Su colaboración con Apogee e id Software lo convirtió en una pieza clave de la primera gran edad de oro del PC. Prince firmó las bandas sonoras de títulos fundacionales como Commander Keen, Wolfenstein 3D, Rise of the Triad y Duke Nukem 3D, aunque fueron Doom y Doom II las obras que le granjearon un lugar en la memoria colectiva de los jugadores. Sus composiciones, inspiradas en el heavy metal, el hard rock y el metal industrial, lograron trasladar la agresividad y la energía de estos géneros a las limitaciones técnicas de la época, construyendo una atmósfera que se convirtió en seña de identidad de la saga.
La familia destaca que su trabajo "ayudó a establecer la música de los videojuegos como una forma de arte respetada". El reconocimiento institucional llegó en 2006, cuando la industria del videojuego le otorgó un Lifetime Achievement Award. Más recientemente, en 2026, la banda sonora del Doom original fue seleccionada para su preservación en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, un hecho que sitúa su legado en el patrimonio cultural del país y que su obituario presenta como culminación de una carrera pionera.
Las dos fuentes coinciden en subrayar el carácter rompedor de su aportación. Mientras que el obituario detalla su faceta personal —su matrimonio en 2005 con Connie Freeman Prince, su propuesta de matrimonio en Dollywood con una canción y un mensaje en el famoso tren Dollywood Express, su vida en Pigeon Forge (Tennessee) y su faceta de abuelo y compositor junto a su esposa—, el perfil publicado por MuyComputer se centra en el impacto cultural de su música y en cómo sus guitarras distorsionadas y ritmos metálicos ayudaron a definir el lenguaje sonoro del shooter en primera persona.
Prince estuvo casado con Connie Freeman Prince durante veintiún años, con quien compartió proyectos creativos, canciones, grabaciones y actuaciones. Le sobreviven sus hijos Robert Caskin Prince IV y Andrew Prince, su nieta Anabel, su hermana Patricia Clark y una extensa red de sobrinos, primos y amigos. Su hermano, David Prince, le había precedido en la muerte.
En la perspectiva que aporta MuyComputer, la figura de Bobby Prince contrasta con la de nombres más mediáticos como John Carmack o John Romero, creadores de Doom. Aunque su rostro no sea tan reconocible, su huella permanece presente en buena parte de los shooters contemporáneos: la idea de que la música debe ser tan agresiva como la acción en pantalla es, en gran medida, herencia suya.
Bobby Prince deja así un legado que va mucho más allá de los videojuegos. Su familia lo despide recordando que, además de músico, fue "un hombre de talento, integridad, humildad, fe, risa y amor, cuya mayor alegría era compartir su ingenio y su sabiduría con la familia y los amigos". Su música, mientras tanto, seguirá sonando cada vez que un jugador cruce las puertas del infierno en Marte.
