Reflexión en primera persona sobre la dificultad de mantener un ecosistema tecnológico coherente con los principios éticos del usuario. El autor, que se apoya en la elección informada de servicios, el apoyo a desarrolladores independientes y el autoalojamiento, repasa los cambios que ha aplicado a lo largo de los años: abandonó X tras la llegada de Elon Musk, dejó Telegram, eliminó su presencia en los servicios de Google, migró su almacenamiento de datos desde Estados Unidos a Europa y cerró su cuenta de Facebook hace aproximadamente siete años.
El detonante más reciente es el caso de Mullvad, proveedor sueco de VPN conocido por su enfoque en la privacidad. El usuario expone que uno de sus codirectores, Daniel Berntsson, ha donado millones a un partido político local de Örebro vinculado a discurso agresivo y racismo. La compañía defiende que se trata de una decisión personal y privada, al margen de la misión de la empresa. Para el autor, sin embargo, el dinero de su suscripción termina apoyando causas que contradicen sus valores, por lo que no renovará los cuatro meses restantes de su suscripción de seis.
El texto también señala un dilema adicional: el buscador Kagi, su alternativa preferida, utiliza en parte resultados de Yandex, el buscador ruso, lo que reabre la pregunta de hasta dónde llega la responsabilidad ética del usuario. Como posible sustituto, está probando Uruky y reconoce los límites prácticos de auditar a cada proveedor, sus socios y sus accionistas.
