Moorea, la isla polinesia que fue capital, refugio de un rey y refugio del Evangelio de Lucas

Fuentes: Moorea, la isla polinesia que fue capital, refugio de un rey y cuna del primer libro en tahitianoT2

A diecisiete kilómetros de Tahití, separada por menos de una hora de ferry, se encuentra Moorea, una isla volcánica de 134 kilómetros cuadrados cuya identidad va mucho más allá de sus lagunas turquesas y montañas afiladas. Su nombre, Mo'orea, significa "lagarto dorado" en tahitiano y alude, según la tradición oral, a una criatura mítica cuya cola habría separado la isla y formado las dos grandes bahías del norte: Opunohu y Cook, los restos del antiguo cráter volcánico rodeados por un arrecife de coral. Visto desde el aire, el contorno triangular con esas dos bahías recortadas dibuja una silueta similar a un corazón.

La historia europea de Moorea comenzó en 1767 con el inglés Samuel Wallis, que la bautizó como Isla York. Cinco años después, el español Domingo de Boenechea la reclamó para la Corona con el nombre de Santo Domingo, sin consecuencias duraderas. En 1777, James Cook visitó la isla durante su tercer viaje, pero lo hizo anclando en la bahía de Opunohu y no en la que hoy lleva su nombre, la Bahía de Cook. Bajo su nombre tradicional, Aimeho o Eimeo ("refugio"), la isla cumplió esa función de forma literal: el rey Pomaré II, derrotado en 1808 en Tahití al intentar instaurar un reino absolutista, se exilió allí y mantuvo la capital del archipiélago en Moorea hasta 1811.

En 1817, los misioneros protestantes de la London Missionary Society instalaron en el distrito de Afareaitu la primera imprenta de la región, donde se imprimió el primer libro en tahitiano, el Evangelio de Lucas. El valle de Opunohu conserva algunos de los marae, recintos ceremoniales de piedra mejor preservados de la Polinesia, con estructuras de los siglos XIV y XV. Entre julio y octubre, las ballenas jorobadas atraviesan sus aguas en su migración estacional, junto a los delfines que habitan la laguna de forma permanente.