Monedas espartanas: la excepción que confirma la regla del comercio griego antiguo

Fuentes: Ancient Coins: What About Spartan Coins?

Aunque Esparta fue la gran excepción en la numismática griega clásica, sí acuñó monedas, aunque en cantidades reducidas y muy tardías respecto a otras polis. Entre los siglos VII y I a. C., cientos de ciudades griegas emitieron moneda propia; Esparta, en cambio, despreciaba el dinero como vía para acumular riqueza y mantener a sus ciudadanos centrados en la guerra. Plutarco atribuye al legislador Licurgo la sustitución del oro y la plata por pesadas barras de hierro sin valor fuera de Laconia, un relato cronológicamente dudoso pero plausible. Para sus intercambios con el exterior, los espartanos recurrieron a la moneda de Élide en los Juegos Olímpicos y al dárico persa (8,4 g de oro al 95 % de pureza) durante sus alianzas con el Imperio aqueménida.

La primera acuñación real llegó en torno a 309-265 a. C. de la mano del rey Areo, de la dinastía de los Ágidas, quien emitió tetradracmas de plata —solo se conservan cuatro ejemplares, tres en museos— y óbolos para pagar mercenarios macedonios. Cleómenes III (235-222 a. C.) introdujo el retrato realista con diadema y acuñó bronces anónimos, señal de una economía doméstica más monetizada. El último rey independiente, Nabis (207-192 a. C.), aparece en un tetradracma único hoy en el British Museum. Tras su muerte, Esparta se integró en la Liga Aquea y adoptó su moneda federal estandarizada. Bajo Roma, los Euryclides, una familia local con ciudadanía romana, emitieron bronces provinciales con efigies idealizadas de Licurgo y los Dióscuros.