El ensayo de John Gray, basado en el libro “The Killing Age” de Clifton Crais, desafía la narrativa dominante de la era moderna como la “Antropoceno” (la era del hombre), caracterizada por el avance del conocimiento y la influencia humana en el planeta. Crais propone una alternativa: el “Morteceno”, la era de la muerte y la matanza, argumentando que la modernidad está intrínsecamente ligada a la violencia masiva, la explotación económica y la destrucción ambiental.
La tesis central es que los ideales de la Ilustración, en su versión anglocéntrica centrada en Adam Smith y el auge del capitalismo, fueron instrumentalizados para justificar la esclavitud, el colonialismo y la degradación ambiental a una escala sin precedentes. El libro examina cómo la expansión de la sociedad comercial, impulsada por la industrialización, dependió de la explotación de mano de obra africana, la colonización de América y la extracción de recursos naturales, todo ello disfrazado bajo la apariencia del progreso.
Gray critica la omisión de eventos cruciales en el análisis de Crais, como la Revolución Francesa, el Holodomor (la hambruna provocada en la Ucrania soviética) y el Holocausto, argumentando que esto revela una tendencia a ignorar la violencia perpetrada en nombre de ideologías revolucionarias o proyectos de “emancipación” humana. Se señala que Crais, aunque reconoce mejoras en el nivel de vida para muchos, ignora el hecho de que el crecimiento exponencial de la población humana (de 800 millones a más de 10 mil millones) fue directamente dependiente de la explotación de combustibles fósiles, cuya extracción ha tenido un costo ambiental y humano devastador.
El ensayo también destaca la similitud entre el análisis de Crais y la crítica de Karl Polanyi en “La Gran Transformación”, que ya había señalado la relación entre el libre mercado y la coerción estatal. Se extiende la comparación a la experiencia del Gulag soviético, un sistema de trabajo forzado que, al igual que la esclavitud y el colonialismo, se basó en la explotación y la muerte a gran escala. La conclusión es que una comprensión completa de la era moderna requiere reconocer la violencia inherente a diversos sistemas políticos y económicos, más allá de una visión simplista centrada únicamente en el capitalismo. El autor enfatiza que el silencio sobre ciertos episodios históricos es una decisión política, que oscurece la verdadera naturaleza de la modernidad.
