Hayao Miyazaki abandonó su proyecto de adaptación de la novela gráfica Rowlf en 1982, dos años después de su propuesta inicial, tras una serie de negociaciones complejas con el autor original, Richard Corben. El director, que en 1980 se sentía estancado tras el fracaso comercial de su película debut, The Castle of Cagliostro, buscaba una nueva dirección artística que superara sus obras anteriores centradas en el slapstick y la acción convencional. Corben, creador de la obra publicada en 1971, rechazó inicialmente la propuesta de Miyazaki porque los bocetos del director se alejaban significativamente del estilo visual original del cómic, que caracterizaba por un realismo grotesco y una narrativa transgresiva. Sin embargo, Miyazaki buscaba capturar la energía alternativa y la profundidad psicológica de la historia, adaptando el personaje principal, Rowlf, para que mostrara una mayor conciencia y responsabilidad, alejándose de la estructura tradicional de la damisela en peligro. El proyecto, impulsado por el productor Yutaka Fujioka con el objetivo de entrar en el mercado estadounidense, fue finalmente descartado por la falta de acuerdo con Corben, quien no estaba dispuesto a ceder los derechos de su propiedad intelectual. Este episodio marca un punto de inflexión en la carrera de Miyazaki, quien, tras este fracaso, redirigió su enfoque hacia una nueva fase creativa que definiría su legado posterior.
