Un misil iraní de defensa antiaérea, identificado como el 'Majid', impactó un F-35 el 19 de marzo, obligando a una maniobra de aterrizaje de emergencia. Aunque el piloto se encuentra estable, el incidente, reivindicado por el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán, pone de manifiesto una vulnerabilidad crítica en la tecnología furtiva del F-35, valorado en unos 100 millones de dólares. El misil 'Majid' utiliza guía por infrarrojos pasivos, una tecnología que evita la detección por los sistemas electrónicos de guerra del F-35 y que, a diferencia de los sistemas de radar, es difícil de contrarrestar con las medidas estándar como los reflectores (flares). Este incidente recuerda el derribo de un F-117 sobre Serbia en 1999, y sugiere que la capacidad de evadir radares no garantiza la invisibilidad total en el campo de batalla. La falta de un sistema de contramedidas de infrarrojos dirigido (DIRCM) en el F-35, una decisión de diseño basada en la premisa de que la amenaza principal era el radar, ha quedado expuesta. La proliferación de esta tecnología, más barata y sencilla que los sistemas guiados por radar, podría obligar a los operadores del F-35 a replantear sus tácticas y a buscar soluciones, como la integración de DIRCM, aunque con un coste y tiempo considerable. Más de una docena de países operan o han pedido F-35, con más de 1,000 entregados hasta la fecha.
