Microsoft ha distribuido un parche de emergencia para corregir una vulnerabilidad de gravedad alta, identificada como CVE-2026-68820, que afecta a varias versiones de Windows 10 y Windows 11. El fallo reside en un controlador clave para la gestión de conexiones de red y permite a un atacante obtener privilegios de sistema y tomar el control del equipo.
Según la compañía de Redmond, están expuestos los usuarios de Windows 10 desde la versión 1607 hasta la 22H2, los de Windows 11 desde la 23H2 hasta la 26H1, y diversas ediciones de Windows Server desde 2012 hasta 2025 que no tengan instalada la última actualización de seguridad.
La vulnerabilidad, del tipo use-after-free (cuando un programa libera memoria y la reutiliza después), requiere condiciones específicas para ser explotada: el atacante necesita acceso local y autenticación en el equipo, y debe conseguir que el sistema libere una zona de memoria concreta para introducir código malicioso. Aun así, Microsoft ya ha detectado intentos reales de explotación, por lo que ha incluido la corrección en las actualizaciones del Patch Tuesday de agosto. La recomendación principal es instalar cuanto antes la última actualización disponible para cada versión de Windows.
