Un estudio reciente revela que el aire dentro de nuestros hogares está contaminado con microplásticos, y que podríamos estar inhalando entre cientos de miles y millones de partículas anualmente. Estas microplásticos provienen principalmente de la ropa sintética, que libera fibras al lavarse, usarse o incluso sacudirse. Si bien la contaminación por microplásticos es omnipresente y difícil de evitar por completo, los investigadores sugieren que pequeños cambios en el hogar pueden reducir significativamente la exposición. Estos cambios incluyen reconsiderar la compra de ropa y muebles, modificar los hábitos de lavado y mejorar la ventilación. La exposición a través de la inhalación, antes considerada secundaria, ahora se cree que es la vía principal de ingreso de microplásticos al cuerpo, superando incluso la ingestión a través de alimentos como mariscos. El nivel de contaminación varía según factores como la ubicación, los materiales del hogar y los hábitos de limpieza, con estudios indicando que la concentración de microplásticos en el aire interior puede ser hasta ocho veces mayor que en el exterior. Aunque la medición precisa de la cantidad de microplásticos en el aire presenta desafíos técnicos, los científicos enfatizan la importancia de tomar medidas para minimizar la exposición, especialmente en bebés y niños pequeños que pasan mucho tiempo cerca del suelo.
