La ablación por catéter es hoy uno de los tratamientos estándar para las arritmias cardíacas, pero hace cuatro décadas no existía como opción terapéutica. El cardiólogo y electrofisiólogo Melvin Scheinman, titular de la Cátedra Walter H. Shorenstein en Cardiología de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), la puso en práctica por primera vez en humanos el 9 de abril de 1981. La técnica consiste en introducir un catéter por un vaso sanguíneo hasta el corazón y aplicar una descarga eléctrica controlada que destruye el tejido responsable del ritmo anormal, evitando una cirugía a corazón abierto.
Scheinman llegó a la UCSF en 1965 como becario y fundó la unidad de cuidados coronarios del Hospital General de San Francisco. Su interés por los trastornos del ritmo lo llevó a una estancia en la Universidad Duke, donde aprendió a mapear las arritmias. La idea de la ablación nació de observar cómo los cirujanos destruían manualmente el sistema de conducción para tratar fibrilaciones auriculares graves en pacientes que no toleraban medicamentos; muchos no eran aptos para la cirugía, lo que motivó buscar un acceso menos invasivo.
Tras tres años de trabajo, Scheinman y su equipo identificaron un catéter de la empresa Bard capaz de soportar corrientes intensas sin romperse, realizaron diez ablaciones exitosas en modelos animales y publicaron los resultados en revistas especializadas. El primer paciente, Paul Anderson, era un trabajador petrolero jubilado con fibrilación auricular, insuficiencia cardíaca, artritis reumatoide y enfermedad pulmonar obstructiva crónica, que lo hacía inelegible para cirugía. La intervención, realizada en el laboratorio angiográfico de la UCSF, transcurrió sin complicaciones y abrió una nueva era terapéutica.
El procedimiento se convirtió en una industria valorada en miles de millones de dólares y ha beneficiado a millones de pacientes en todo el mundo, aliviando síntomas y, en muchos casos, curando definitivamente la arritmia. La UCSF subraya el aniversario como un hito de su historia médica y como ejemplo del impacto clínico de la investigación traslacional.
