Me gustan densas: una defensa de las obras de arte que exigen tiempo

Fuentes: I like 'em thick

En este ensayo, el autor reflexiona sobre el concepto de densidad en las obras de arte y la literatura, tras pedir disculpas a sus antiguos profesores de inglés por haber subestimado durante años los grandes clásicos. Explica que la densidad es la cualidad que permite a una obra desplegar nuevos significados cuanto más tiempo se le dedica, y la compara con una cueva oscura llena de tesoros que requiere equipamiento adecuado para ser explorada.

Para ilustrar esta idea, relata su experiencia frente al tríptico El jardín de las delicias, de El Bosco, en el Museo del Prado. Cuenta cómo creía que la música escrita sobre las nalgas de uno de los personajes era un simple guiño oculto, pero una investigación posterior reveló que el musicólogo Ian Pittman demostró que esas notas son deliberadamente incompletas: les falta clave, los pentagramas son irregulares y la melodía es imposible de interpretar. Para El Bosco, la música secular era una vía directa al infierno, por lo que incluyó músicos torturados por demonios en toda su obra.

A partir de ese descubrimiento, el autor identifica cuatro elementos que generan densidad en una obra: los caminos no tomados, visibles en los bocetos descartados por artistas como Hokusai; dejar al lector un ingrediente esencial que solo él puede aportar, como el huevo que se añade a las mezclas de pasteles Betty Crocker; las capas de significado ocultas, como las llamadas referencias en los videojuegos de los años noventa; y la generosidad del autor, que entrega más de lo que el consumidor esperaba. Concluye que la densidad requiere un pacto entre creador y espectador, y que sin esa disposición mutua las mejores obras se convierten en cuevas vacías.