Un periodista de WIRED solicitó a McDonald's, amparado en la ley de California, una copia de todos los datos personales que la cadena almacena sobre sus clientes del programa de fidelización. Pocos días después recibió en su correo un archivo PDF de 515 páginas encabezado por los arcos dorados. El dossier incluía el historial detallado de cada visita, cada compra y cada cupón escaneado durante años, junto con predicciones algorítmicas generadas por la compañía: visitas estimadas en las próximas seis semanas (2,16), gasto medio por pedido (13,49 dólares) y gasto total previsto (29,15 dólares). El sistema clasificaba al usuario en un segmento interno (CV2) sin explicar su significado, identificaba su producto favorito (un Diet Coke grande) y su categoría preferida (wraps de pollo), y le asignaba una probabilidad de abandono de 0, lo que en la práctica lo etiquetaba como cliente cautivo. Expertos en privacidad consultados por WIRED, como Lorrie Cranor (Carnegie Mellon), Ryan Calo (Universidad de Washington) y Ari Ezra Waldman (UC Irvine), coincidieron en que este nivel de seguimiento es habitual entre los grandes programas de lealtad de Estados Unidos y advirtieron del desequilibrio de poder entre el consumidor y la corporación. Jeff Chester, director del Center for Digital Democracy, resumió la situación con una frase: "la salsa secreta de McDonald's es la vigilancia comercial". McDonald's declinó detallar el funcionamiento de sus modelos y aseguró, en un comunicado, que toma la privacidad "muy en serio" y que los datos sirven para ofrecer ofertas más relevantes. El reportaje recuerda que los usuarios californianos pueden solicitar también la eliminación de sus datos.
