Marruecos ha emprendido una transformación integral de su sistema hídrico tras sufrir una sequía de siete años (2018-2025) y pese a que las reservas se sitúan ya en 12.290 millones de metros cúbicos, el 72,1% de la capacidad nacional. La pieza central es la llamada 'Autopista del Agua', una red de interconexión que une las cuencas del Sebú y el Bouregreg para trasladar excedentes al eje Rabat-Casablanca y abastecer a más de 11 millones de personas. El proyecto cuenta con 348 millones de euros de financiación europea y créditos de agencias francesas, alemanas e italianas.
El plan incluye 156 grandes presas operativas, otras 14 en obras, 16 grandes actuaciones simultáneas con 5.037 millones de metros cúbicos de capacidad y una inversión de 29.530 millones de dirhams (unos 2.700 millones de euros). El horizonte es construir 42 nuevas presas hasta 2050. Además, se han comenzado a llenar cuatro embalses aún inacabados (Sidi Abbou, Sakia El Hamra, Aït Ziat y Beni Azimane) para atender necesidades urgentes, y el programa 2022-2027 contempla 155 pequeñas presas y cuatro medianas.
El tercer pilar es la desalación, con 12.000 millones de euros de inversión y el objetivo de que el 60% del agua potable proceda del mar en 2030. En Souss-Massa, la desaladora de Chtouka Aït Baha ya mantiene 15.000 hectáreas de cultivos intensivos. Aunque las lluvias han mejorado la situación, Marruecos mantiene restricciones como prohibir el riego con agua dulce de campos de golf y zonas verdes públicas.
