Margaret Keane pintó en secreto durante más de una década los retratos de ojos enormes que su marido, Walter Keane, vendió en Estados Unidos como propios y que lo convirtieron en uno de los artistas más populares del país a principios de los años sesenta. Tras divorciarse en 1970 y comprobar que sus obras habían pasado de moda, Margaret rompió su silencio en una entrevista y confesó ser la verdadera autora. Walter respondió descalificándola y ella lo demandó por difamación.
Durante el juicio, el juez planteó una prueba decisiva: entregar un caballete y un lienzo a ambos para que pintaran uno de aquellos retratos en directo ante el tribunal. Margaret aceptó y completó en cincuenta minutos una de sus características niñas de ojos enormes, mientras que Walter rehusó participar aduciendo un dolor en el hombro, lo que evidenció el fraude.
La disputa alcanzó dimensión cultural y fue llevada al cine en 2014 por Tim Burton con el filme Big Eyes, protagonizado por Amy Adams como Margaret y Christoph Waltz como Walter.
